jueves, 30 de junio de 2011

Sant Jordi: una experiencia inolvidable.



23 de abril de 2010. Nunca se me olvidará esta fecha. Hace justo seis meses, el 23 de octubre de 2009, puse la palabra fin en “Canciones para Paula”. Y desde entonces, que de cosas han pasado en tan poco tiempo. Y tan rápido. Porque aunque son seis meses desde aquel momento, en el que tras tres días encerrado en un hotel de la capital, conseguí terminar el trabajo de año y medio, jamás pensé que esta bonita aventura avanzaría tan rápido.

Soy sincero, no conocía todo lo que Barcelona organiza en el día de Sant Jordi. Sabía lo de la rosa, lo del libro, que se ponían carpas, etc, pero jamás hubiera imaginado la magia que tiene esta ciudad en una fecha tan especial. Me he enamorado del Sant Jordi barcelonés y ser parte de la fiesta es un honor y un privilegio que tendré grabado para siempre.

Y eso que la paliza fue tremenda. Me desperté a las 3.30 de la mañana, sin casi dormir. No por los nervios, no estaba nada nervioso, sino porque me cuesta desde hace tiempo, y a las 7 de la mañana cogí el AVE, Madrid-Barcelona, con Vicky, a la que tengo que dar millones de gracias por todo lo que estuvo pendiente de mí, su simpatía y la cantidad de horas que aguantó de pie mientras yo firmaba libros, vigilando que no me faltara de nada, haciendo fotos, avisándome de quien era quien... Gracias. Es excelente mi relación con todo el equipo de Everest, y el trato que estoy recibiendo de Alicia, Nuria, la propia Vicky, Ana, mi editora, todos los jefes... y ayer en Barcelona Martí Romaní, al que también le doy las gracias por todo, al igual que a Jesús, no puede ser mejor. Es una gran empresa, una gran editorial y conmigo se están portando increíblemente.
Fue el día perfecto. No hacía calor, algo que agradecí, y tampoco llovió. 


El primer lugar de firmas fue el Corte Inglés de Diagonal, al que acudimos andando desde Sants. Me sorprendió todo. No esperaba que 10 autores, sentados uno al lado del otro, fueran firmando libros a los seguidores. ¡Me encantó aquello desde el minuto uno!. A mi lado se sentó, Marius Carol, un gran periodista, pero con el que no tuve el gusto de hablar, y Pilar Jericó, que fue la primera que se me presentó y estuve charlando un ratito sobre su libro y el mío. Algo que me llamó la atención durante todo el día fue la curiosidad de los escritores que hablaron conmigo por CPP. La manera de llegar a Everest, como se había fraguado todo, las seguidoras... quedaron sorprendidos. Y eso, modestamente, me hacía sentir bien. Es un orgullo que personas tan contrastadas te digan que eso que has logrado en tan poco tiempo y de la forma que ha sido, tiene mucho mérito. 

Con las primeras firmas me empecé a dar cuenta de lo privilegiado que soy. Creo que no se me fue la sonrisa en todo el día. Por Diagonal fueron pasando algunas de las chicas que ya habían leído el libro. Incluso un chico que me pidió una dedicatoria especial para “Miriam”. Y además, conocí a Esther, que tanto ha hecho por Canciones para Paula desde que apareció. Fue un placer.
Me encantaría nombrar a todas las chicas que se acercaron, pero es imposible acordarme de los nombres de las 90 ó 100 a las que firmé. Pero muchísimas gracias a todas, de corazón, porque me hicisteis sentir muy bien, muy a gusto en todo momento. 
Una anécdota de Diagonal, fue la de una señora que compró el libro para su hija o su nieta. No la entendí bien. Vicky y yo la observamos, y me apetecía acercarme para decirle que se lo firmaba si lo compraba. Acabábamos de llegar y aún ni me había sentado. Fue Martí el que finalmente se aproximó a ella y le comentó que el autor estaba allí. La señora vino muy feliz y yo encantado de firmar mi primer libro en Sant Jordi. Cogí uno de los bolígrafos que me había puesto la organización... y no escribía. Cogí el otro... y no tenía punta. Me entró la risa floja. Yo llevaba tres bolis más. Abrí mi mochila, todo esto con la señora mirándome, y saqué un tercero. ¡Tampoco escribía!. Apreté la punta contra el papel, pero nada. Hasta que Vicky me dio uno que ella llevaba de punta fina... y ¡zas! Al poner la “P”, en la dedicatoria, “Para...” el palito de la letra... rasgué un poco la página. Vamos, que le hice un agujero. Me puse colorado e intenté terminar la dedicatoria lo mejor posible. Cerré rápido el libro y le di dos besos a la señora que contenta se fue con el libro para su hija o nieta firmado por Blue Jeans. Fue el único libro que firmé así y el único que rompí. 
Señora si me está leyendo, mil disculpas. Los nervios...

De Diagonal, donde me regaló el Corte Inglés una rosa y un pen-drive, fuimos a la librería Abacus. Este fue tal vez el momento más frío de todo el día. Primero, porque estaba ubicado en un sitio extraño, de cara a la carretera, soplando todo el viento de frente, y segundo porque apenas vino gente. Lo mejor de Abacus, aparte de las cuatro firmas que hice, fue conocer a Miguel Gallardo. Estuvimos hablando toda la hora de CPP y de su libro “María y yo”. En mi Facebook podéis encontrar el grupo de este libro-comic que además se ha convertido en película. Es un hombre muy interesante. Su hija es autista y este libro es una especie de homenaje a la niña. Os lo recomiendo. 

Vicky me dejó su agenda para ir anotando con palitos el número de firmas que iba haciendo. En ese momento llevaba 12. No eran muchas, pero tampoco pocas, ya que en Diagonal fui de los que más gente tuve y además me comentaron que era por la tarde cuando tendría que firmar más libros.

Comimos en Tenorio, yo más bien poco, y fuimos a la librería Bertrand. Y ahí sí llegó la locura. Por lo que tardaron en servirnos, estaba llenísimo, llegamos diez minutos tarde. Y menuda cola tenía! Vale, Moccia, al que me quedé sin ver, tenía colas de 200 personas, pero yo cuando vi a 15-20 chicas allí esperando, me quedé boquiabierto. Evidentemente, todo me sobrepasó. Saludé al escritor que estaba a mi lado, del que no recuerdo el nombre, que me comentó algo de que estaba arrasando y me puse a firmar libros, hacerme fotos, etc. Fue un momento especialmente bonito y gratificante. Me encanta el contacto con los seguidores. No los llamo fans, porque no creo que sean fans míos. Son seguidores de la historia. Y creo y quiero que la historia siempre esté por delante de mí. No me queda más remedio que asumir mi trozo de protagonismo, pero los personajes, los lectores y la editorial son realmente los importantes de todo esto. Yo quiero seguir actuando como secundario.
Aquí conocí a Demi, otra de las clásicas a las que me hizo muchísima ilusión verla. Y a un montón de chicas, del Facebook, de tuenti, de twitter... gracias a todas. 

Los últimos 20 minutos fueron extraños porque un grupo de señoras se me pusieron delante del stand esperando a que llegara Pedro Ruiz. Y así era imposible que nadie más se acercara. Cuando Pedro Ruiz llegó, se sentó a mi lado, me dio la mano sin mirarme, aunque muy cortés, le dije que encantado, me levanté y me marché hacia la librería Catalonia con Vicky, Martí y Jesús.
Allí se repitió la historia. Un montón de firmas al principio. Las chicas de Polinya, que no sé cuantas eran, y muchísimas más. 
Me senté junto al ex ministro Pimentel, con el que también tuve una amena charla de CPP. 


Una señora me preguntó que si el libro le podría gustar a su hija de 19 años. Y le dije que perfecto. Luego, y a mi hijo de 25? Y le dije “Perfecto”. Y la señora que estaba a su lado... “¿Y a mí que tengo 59?”, “Pues perfecto señora!”, exclamé. 
Fue divertido. 


Que el acento sevillano no se me haya terminado de ir ayuda un poco en la relación con las personas. Recuerdo cuando llegué a Madrid que todos se reían cuando hablaba y pensaban que siempre estaba contando chistes, cuando realmente yo soy un chico bastante tímido y serio. Tengo mis momentos, pero normalmente no voy haciendo gracias. El acento andaluz es desinhibido. Te ayuda a ser cercano y al resto de España le agrada. Tengo que saber utilizarlo sin pasarme. 


A las 18.00 terminaron las firmas en Catalonia y nos fuimos a dar un paseo por las Ramblas, en la hora que tenía libre. 
Es de las fiestas en las que he estado, la que más me ha transmitido. He ido varias veces a Barcelona y reconociendo que es una gran ciudad, nunca me había terminado de convencer. Ayer cambié de opinión. Por organización, ni un solo problema vi, ni un altercado, por colorido, por entrega de los barceloneses, por ese clima y ese olor que se respiraba a cultura, cordialidad, diversión sana... todo lleno de rosas... y por mil cosas más, me quito “la gorra” con Barcelona. Chapeau. Y si el año que viene no voy a firmar libros, iré como público a que me firmen a mí.
Me quedé con las ganas de conocer a Bucay, Buenafuente, Falcones, Julia Navarro... a los que tuve muy cerquita, pero por tiempo y espacio fue imposible presentarme.

Al que si vi aunque no pude saludar fue a Punset. Que salía de la carpa del Corte Inglés de Catalunya justo cuando yo tenía que entrar.
Sin duda, este fue el momento más especial de todo el día. 
Nos sentaron en la misma mesa, pero como si fuera un escenario de cara al público, a Carod Rovira, que me saludó y luego se despidió cordialmente, José García Abad, autor de “Zapatero, el Maquiavelo de León”, un famoso periodista catalán que no recuerdo el nombre, que fue el que más libros firmó de los cinco, y Pilar Eyre, con la que también conversé amigablemente y a mí. Fue un lujo y un honor estar allí sentado. Fuera de ideologías políticas, que puedo o no compartir, o de edades, no vi a nadie más joven que yo firmando libros, etc... son personas con un prestigio, una trayectoria y una personalidad indudables. Y compartir “cartel” con ellos, gracias a algo que no existía hace seis meses, fue inenarrable. La gente me hacía fotos, me miraba curiosa, preguntando quien era aquel Blue Jeans. La presentadora del acto me entrevistó mientras no podía parar de sonreír. 


Además, conocí a Lidia Grimaldi... que bueno, ha sido durante todo este tiempo una de las grandes seguidoras de Canciones para Paula y una de las chicas que más ha dado por mí y por CPP en año y medio que creo que hace que la conozco. 
Ni que decir tiene, que perdí la cuenta de firmas después de la Bertrand. Pero no me importa. 


El día fue impresionante. Mágico. Cargado de ilusión. Todo esto que me está pasando... es un sueño. 
En el tren de vuelta, a las nueve de la noche, estaba agotado, pero tan cansado que no podía ni dormir. Le di vueltas al día, a la situación, al momento de mi vida en el que estoy... y no puedo sacar conclusiones. Todo es posible. Todo. Siempre pueden cambiar las cosas cuando menos te lo esperas. Pero vivir un día como el de ayer, estos meses que llevo viviendo desde que se me ocurrió lo de Canciones para Paula, las personas que han aparecido en el camino... me podría quedar sin vender ni un libro más, quedarnos en esta cuarta edición que ayer estaba por todas las tiendas, pequeñas y grandes, de Barcelona, pero... ¿qué mas puedo pedir?. Esto es un sueño. Un precioso sueño por el que voy a seguir dándolo todo, trabajando con energía, humildad... perdiendo horas de sueño y ganando fieles en la causa. Comentando, respondiendo... dedicándome a intentar que el sueño continúe. Y espero, jamás perder la sonrisa que durante las 24 horas de ayer, mantuve bajo mi gorrita, gracias a la que me la diseñó, de Blue Jeans.

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